Pretenden estos versos ser un canto,
que estrangule al
maltrato en cada casa,
sofoque todo abuso
bajo el cielo,
dé luz al lado oscuro
de la luna,
al menosprecio clave
en una cruz
y aparte las espinas
de las rosas.
Allá, detrás de aquel
jardín de rosas,
un secreto sellado a
cal y canto.
Él maltrata, perdona
ella la cruz
por dos críos que
corren por la casa
y otro que llegará
en novena luna,
con nuevas ilusiones desde el cielo.
Baila el temor en su
mirar de cielo, ella no quiere
dádivas de rosas,
ni pide para sí,
bajar la luna, solo poder exorcizar
el canto
triste del cisne que
ganó la casa
y mitigar su
abrumadora cruz.
En su frente hace el
signo de la cruz,
que nadie se dé
cuenta, pide al cielo,
y evita los espejos
de la casa,
negro presagio son
sus marcas rosas.
Porque tropieza con
el mismo canto,
trepa la muerte por
su piel de luna.
De la infamia testigo
fue la luna , collar de manos,
prescribió la cruz...
Con grito mudo
convertido en canto
y ungida de tristeza
subió al cielo.
Manos pequeñas al
cortar las rosas
liberaron su alquimia por la casa.
Ya nada queda en la
desierta casa
la que fuera la
envidia de la luna,
ya no hay risas de
niños, ya no hay rosas,
fue al aire la moneda
y cayó cruz,
de luto riguroso
viste el cielo
y el viento anida en
el pinar su canto.
Silente canto cautivó
la casa,
el cielo llora
lágrimas de luna,
junto a una cruz y un
corazón de rosas...