Nació como un torrente incontenible,
rugiendo cuesta abajo
de la vida,
la luna explosionaba, sumergida,
augurio de pasión inextinguible.
Más tarde se hizo piélago intangible,
abismo de ternura sin medida,
metáfora sagrada compartida,
corriente cantarina y apacible.
El ángelus arrulla nuestro enclave,
las aguas hoy reflejan el
ocaso
y mil errantes besos en deslave.
Incólume y sereno nuestro lazo
de amor, como un estuario manso y suave,
presagia, del océano, el abrazo.

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